Cintas, complementos y
bordados de tuna
hechos a mano.
Presentación
Mi nombre es Lorena, aunque mayormente me conocen en el mundo de la tuna por “Colaó” o por la chica de El Baúl. Pertenezco a la Tuna de Ciencias de la Salud de Málaga y resido en un pueblo de la provincia llamado Coín, donde desarrollo todos los tejemanejes que ofrece El Baúl de la tuna.
No siempre soñé con dedicarme a bordar o personalizar productos como hago a día de hoy, pero siempre tuve claro que hiciese lo que hiciese, quería sentirme libre, realizada y feliz
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Al finalizar el instituto, me mudé a Málaga para comenzar una nueva aventura, la Universidad. La ilusión con la que se llega a un nuevo curso rodeado de nuevos comienzos es igual de grande que el jarro de agua fría que te da la realidad cuando te encuentras cursando el Grado de Biología con montañas y montañas de apuntes y muy poca vida social, muy poco tiempo para ver a tus seres queridos y en definitiva, muchas posibilidades de perderte a ti misma por el camino.
Tuve la gran suerte de que la tuna se volviese a cruzar por mi camino en aquellos difíciles y estresantes años, ya había estado presente en mi vida durante mi etapa del colegio ya que pertenecí a la Rondalla Huertas Viejas dirigida por mi querido profe Antonio, Ken para los amigos. Esta vez sabía que la tuna volvía para quedarse en mi vida y después de 6 años, puedo decir a viva voz, que sé que seré tuna hasta morir.
La tuna no solo me aportó felicidad y vida social, sino que en ella encontré una forma de liberar el estrés del día a día con un arte que cada vez se pierde un poco más, bordar. Tardes y tardes pasé junto a mi compañera Pulgarcita bordando a mano cintas para capas de tunos/as y fantaseando en si algún día podría vivir de este oficio, ¿quién me lo iba a decir por aquel 2019? Solo puedo darte las gracias Pili.
A medida que El Baúl de la tuna iba subiendo en me gustas y seguidores en Instagram, ese sueño se hacía más palpable, pero era tanto el miedo a no seguir trabajando “de lo mío”, que lo seguía manteniendo en un segundo plano. Tras años en trabajos con unas condiciones muy precarias a pesar de dar todo y más de mí, me di cuenta de que eso, no era la felicidad y al menos para mí, nunca lo iba a ser.
Tengo la inmensa suerte de estar rodeada de los mejores padres del mundo, la mejor hermana, la mejor pareja, la mejor tuna, los mejores familiares, las mejores amistades y por supuesto el mejor perro, que me apoyan con cualquier decisión que tome aunque no terminen de entenderlas. Sabía que no iba a ser fácil y que a lo mejor me estaba equivocando, pero tenía muy pero que muy claro, que no iba a estar sola en el camino. Solo puedo daros las GRACIAS a todos/as.
Y aquí me encuentro ahora, 4 años después de sembrar esa semilla, tras regarla con paciencia, ilusión y mucho amor, me decidí a dejar todo lo que me ataba laboralmente para iniciar este sueño e ir a por todas.
Ahora sé que es real, que lo que se sueña y si se trabaja, se puede cumplir. No solo voy a seguir fantaseando y soñando para hacer que El Baúl de la tuna siga llegando a cada rincón, sino que no soy capaz de ver su límite. De pasar a trabajar en una pequeña habitación, ahora contamos con unas instalaciones físicas en Coín. Gracias CADE Coín y por creer en los jóvenes emprendedores y sus sueños.
Y de momento creo que esto es lo que necesitáis saber para entender la ilusión, los miedos, la valentía y el amor, que esconde cada rincón de “El Baúl de la tuna”. Os espero por aquí.













